Esta mañana, pensando en cómo enfocar mi post de hoy, se me ocurrió realizar una búsqueda en “San Google, que todo lo sabe”.
Sólo por curiosidad, “el poder de las historias” da 462.000 resultados, “the power of story” da 221.000.
Todo ello, en tan sólo 0,21 segundos.
Sobre el poder de las historias se podría escribir libros enteros, bibliotecas incluso. Hoy decido hablar del poder que tienen para ampliar nuestra capacidad de pensamiento.
Hace tiempo empecé a seguir en Twitter a la doctora Ellen Weber. Me gusta leer sus posts sobre descubrimientos neurológicos aplicados al mundo de la empresa. Le pregunté si conocía algún estudio académico sobre cómo las historias afectan a nuestro cerebro. Me dijo que sí, y que en resumen (¿cuánta explicación cabe en un DM de 140 caracteres?):
“cada vez que escuchamos o contamos una historia nueva, se generan nuevas conexiones neuronales”.
Con el permiso de la científica, añadí una palabra:
“cada vez que escuchamos o contamos una buena historia nueva, se generan nuevas conexiones neuronales”.
Todas las historias, las buenas y las malas, tienen el poder de hipnotizarnos (si no me creen, observen qué le ocurre a un teleespectador un sábado cualquiera cuando mira “Sálvame” o a un grupo de amigos que se cuentan sus aventuras), de alterar nuestra consciencia momentáneamente. Quedamos absortos por el relato y perdemos la noción de lo que pasa a nuestro alrededor. También nos entretienen y nos emocionan.
Ahora bien, las “malas” historias, para mí, son aquellas que tienen personajes planos y un desarrollo previsible, donde los buenos siempre ganan, los malos van al infierno. La vida es fácil para algunos, y dura para los otros. Las “malas historias” dibujan una realidad dual y dejan poco espacio para la exploración de otras opciones.
Si sólo escucháramos este tipo de historia, ¿para qué íbamos a tratar de hacer algo nuevo, si nada se puede cambiar?
Las “buenas” historias, en cambio, nos enseñan que existen otros mundos, otras posibilidades. Nos hablan de personas que tal vez no sean ni buenas, ni malas. Las reconocemos como seres humanos, en toda su complejidad. Nos muestran caminos que no se bifurcan sólo en dos, sino que ofrecen múltiples opciones. Actúan en nuestro cerebro donde crean nuevas conexiones, que a su vez llevan a ideas distintas, creativas e innovadoras.
El fundamento del psicoanalisis (Edipo Rey), su método (libre asociación) incluso la posibilidad de la cura (encontrar en la historia de tu vida, aquello que hace que te repitas), es un relato y esto mucho antes que el PNL